
Un invidente catalán completa la vuelta a la isla de Wight
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A bordo de un patín catalán, sin timón, sin orza, sin botavara
Autor: Kiku Cusí

Era una locura; parecía algo imposible. Pero Dani Anglada Pich no estaba dispuesto a renunciar a su sueño. Y el pasado 24 de julio este catalán de 39 años se convirtió en la primera persona ciega que completó la vuelta a la isla de Wight navegando en solitario; lo hizo a bordo de un patín catalán, ante la sorpresa de los navegantes británicos, que no podían creer que se pudiera navegar sin timón, ni orza ni botavara y que además lo hiciera una persona invidente.
Culminaba así un largo viaje personal plagado de dificultades e incertidumbres; cuatro años desde que decidió que quería volver a sentirse persona y recuperar su pasión: navegar, sin que su ceguera le impidiera tener una vida plena y digna.
Anglada era marino. Su vida transcurría a bordo de buques mercantes hasta que un fatídico día de 2018 perdió la vista al explotarle un extintor en pleno océano Pacífico. Entró entonces en un túnel negro del que no veía la salida: “Para mí la vida no tenía sentido sin la vista”. Un largo túnel con un intento de suicidio incluido.
“Lo más difícil ha sido que la gente creyera que esto, que un ciego pudiera navegar autónomamente, era posible”.
Una pequeña luz emergió al final de aquel túnel cuando decidió volver al mar, su gran pasión. Volvió a subirse a un patín a vela, embarcación en la que ya había navegado y la mar le devolvió la vida que creía haber perdido.
Han sido cuatro años duros. “Lo más duro ha sido coger confianza en mí mismo, sentir lo que hacía sin ver; y lo más difícil ha sido que la gente creyera que esto, que un invidente pudiera navegar autónomamente, era posible.”
Poco a poco recuperó la confianza y desarrolló un protocolo para poder navegar con seguridad. De llevar una persona sobre el patín o que lo guiaran a viva voz desde una lancha cercana hasta conseguir una tecnología que le permite navegar de forma autónoma.
UNA TECNOLOGÍA PUNTERA
Anglada ha desarrollado un protocolo de navegación para invidentes. “Es el primer protocolo hecho por un invidente para invidentes. Los anteriores se notaba que estaban hechos por gente que no tiene discapacidad visual”.
Para ello ha contado con la tecnología de una start up catalana, White Jacket, que está probando un modelo que permitirá a los invidentes moverse por la calle de forma autónoma, y también navegar.
“Llevo una cinta con 12 vibradores alrededor del tórax que me indican tanto en qué dirección tengo el siguiente waypoint que me he programado, como en qué dirección viene el viento aparente.” Cambios de rugosidad en la cubierta del patín le permiten saber en todo momento dónde se encuentra; y cada cabo tiene un diámetro y textura distintos para poder identificarlo sin error posible. El siguiente paso será incorporar dos cámaras (una visual y una térmica) para localizar posibles obstáculos en el mar. “Y ya estamos a punto de conseguirlo”. Confía en tenerlo a punto para dar la vuelta al lago Lemán, el próximo año.

El apoyo de Grant Dalton
En Barcelona conoció a Grant Dalton, el CEO de Team New Zealand, que desde hace más de 20 años es miembro de la Asociación de Navegantes Ciegos de Auckland y que le reconoció que desde el año 2000 no se había avanzado ni un ápice en la tecnología que facilite navegar a los invidentes.
Hablaron de tecnología y del patín a vela, claro, se hicieron amigos y Dalton apadrinó el nuevo barco de Anglada, que no sabía cómo agradecerle su apoyo. “Llevar un patín a Auckland era imposible. Y por esto pensé en agradecérselo con un guiño a la Copa América, navegando donde todo empezó, en 1851, dando la vuelta a la isla de Wight.”
“Es una locura”, le espetó el navegante neozelandés. Pero a Anglada no le asustan las dificultades. Su reto tenía un componente personal, pero también tenía otros dos objetivos: demostrar que la tecnología y el protocolo que había implementado eran válidos, y captar la atención de la Paraworld Sailing Association para lograr su apoyo para que la vela sea un deporte en los Juegos Paralímpicos de 2032, en Brisbane.
“Creía que estaba parado, pero si ponía la mano en el agua, que es como noto mi velocidad, veía que estaba volando”.
Dar la vuelta a la isla de Wight supone navegar con vientos duros –“cuando hay poco viento soplan 15 nudos”–, grandes corrientes de marea y muchísimo tráfico. Un mes de entrenamientos in situ se lo confirmaron, y el día D no fue más sencillo.
Todo empezó en condiciones idílicas. A las 8:01 en punto sonó el mítico cañón del Royal Yacht Squadron que marca la salida de la vuelta a la isla. La primera parte del recorrido la completó en poco más de una hora; pero después tuvo que adentrarse en el Canal de la Mancha, navegando a 11 millas de tierra para encontrar viento.

Rachas de 28 nudos
Tras superar la punta sur de Wight, la meteorología se complicó. Lo que en teoría debería ser la parte más fácil –es la zona donde los niños aprenden a navegar– el viento arreció. Pese a llevar la vela de viento, Anglada notaba que la mayor estaba flameando en su mayor parte y pese a ello el barco crujía como nunca lo había hecho. Registró una racha de 28 nudos, cuando las regatas de patín se anulan cuando soplan 23. El mar parecía una olla hirviendo, con olas que llegaban de todos lados. “Creía que estaba parado, pero si ponía la mano en el agua, que es como noto mi velocidad, veía que estaba volando”.
El viento amainó en la última parte del recorrido, con un Anglada al borde del colapso. 13 horas y 8 minutos tras cruzar la línea de salida, el Lucy completó la vuelta a la isla de Wight. Era el primer invidente que lo conseguía en solitario y de forma autónoma.

No tener vista, pero sí visión
¿Qué siente Anglada cuando mira atrás? “Alucino. La mente es increíble, no sabemos hasta dónde podemos llegar como personas. Creía que no había vida sin vista, y he aprendido que en la vida puedes no tener vista, pero tienes que tener visión, que es lo que te permite sacar lo mejor de ti para vivir. Vivir es hacer cosas, y haciendo cosas pasan cosas. Yo he tenido una pasión y no la he querido dejar.”
Su objetivo no es solo personal. Sobre todo, lucha para que la pérdida de la vista no signifique no tener una vida digna: “No es justo que por tu discapacidad visual tengas una barrera que no te permita ir al mar. ¿Por qué un invidente tiene que estar limitado a la hora de hacer deporte?”
Anglada no es el único que alucina a la vista de semejante gesta. El mítico periodista y navegante Magnus Wheatley, vencedor de una edición de la regata de la Vuelta a la isla de Wight, que lo siguió en una neumática durante todo el recorrido, reconoció: “En 35 años nunca he visto tanta determinación y talento en un navegante, y sitúo a Dani entre los grandes de la vela. Tras 10 minutos de verlo, te olvidas de que es ciego. Es toda una lección”.
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