
Gabriel de Vallseca / Wikimedia Commons (dominio público)
La rosa de los vientos: historia y origen de los nombres de los vientos
De la Torre de los Vientos de Atenas al Atles Català de 1375: por qué tramuntana, gregal, xaloc, garbí o mestral se llaman así y cómo nació la rosa de los vientos dibujada en las cartas.
Quien navega por la Costa Brava acaba hablando de tramuntana, garbí o llevant con la misma naturalidad con que dice norte o sur. Esos nombres son la última capa de una tradición que empieza con los griegos, pasa por los marinos árabes, genoveses y catalanes de la Edad Media y queda fijada en las cartas de navegar mallorquinas del siglo XIV.
Aquí contamos de dónde vienen los ocho vientos de la rosa mediterránea. Cómo afecta cada uno a la navegación lo tienes en nuestra guía práctica de los vientos de la Costa Brava.
Ocho vientos para un mar cerrado
La rosa de los vientos (cat. rosa dels vents, ing. compass rose, fr. rose des vents) es, según el Diccionario de la lengua española, el círculo que lleva marcados los 32 rumbos en que se divide el horizonte. Cada uno de esos rumbos es una cuarta, y entre dos cuartas vecinas hay 11° 15′.
La base de ese círculo son ocho vientos principales, separados 45° entre sí. En la tradición catalana son la tramuntana (norte), el gregal (nordeste), el llevant (este), el xaloc (sudeste), el migjorn (sur), el garbí o llebeig (sudoeste), el ponent (oeste) y el mestral (noroeste). El nombre indica de dónde sopla el viento, no hacia dónde va.
Antes de la brújula: los vientos de griegos y romanos
Ordenar el horizonte por vientos es anterior a la aguja magnética. En el libro II de la Meteorológica, Aristóteles sitúa cada viento en un punto del horizonte definido por el sol: el Zéfiro sopla de donde se pone en el equinoccio y el Apeliotes de donde sale; el Cecias, de la salida del sol en el solsticio de verano, y el Lips, de su puesta en el de invierno. Su esquema reúne una decena de vientos.
En el siglo III a. C., Timóstenes de Rodas, almirante de Ptolomeo II (284-246 a. C.) y autor de un tratado Sobre los puertos, propuso una rosa de doce vientos. Según el geógrafo Agatémero, Timóstenes asociaba cada dirección a un pueblo del mundo conocido: hacia el Argestes quedaba Iberia, hacia el Tracias los celtas y hacia el Noto, Etiopía. La idea de asociar un viento a un país reaparecerá en los nombres medievales.
La Torre de los Vientos de Atenas
El monumento que mejor la resume sigue en pie en el ágora romana de Atenas. Es una torre octogonal de mármol pentélico, de entre 12 y 13,5 metros de altura según la fuente, levantada por el astrónomo Andronico de Cirro. El organismo griego de turismo la fecha en la primera mitad del siglo I a. C., aunque otros autores la llevan al siglo II a. C.

Tenía relojes de sol en las fachadas y un reloj hidráulico para los días nublados. Cada una de sus ocho caras muestra en relieve la figura alada de un viento: Bóreas (norte), Cecias (nordeste), Apeliotes (este), Euro (sudeste), Noto (sur), Lips (sudoeste), Céfiro (oeste) y Escirón (noroeste).
Vitruvio la describe en el libro I, capítulo 6, de De architectura, al explicar cómo trazar las calles para protegerlas del viento. Cuenta que sobre el tejado giraba un tritón de bronce con una vara que señalaba el viento reinante. También da la versión latina de la rosa de ocho vientos: Septentrio, Aquilo, Solanus, Eurus, Auster, Africus, Favonius y Caurus.
Del griego al catalán: cómo se forjaron los nombres
Los nombres clásicos apenas sobrevivieron en boca de los marinos. En la Edad Media se impuso un vocabulario nuevo, hecho de préstamos entre el catalán, el italiano, el provenzal y el árabe. Sus etimologías revelan varias maneras de nombrar el viento: por el sol, por la geografía, por su carácter.
Los vientos del sol
Llevant viene del latín levante, «que se levanta», y ponent de ponente (sole), «el sol que se pone», según el Diccionari català-valencià-balear (DCVB). El migjorn procede del latín vulgar medio diurno, «mediodía»: el sur es la dirección del sol a esa hora. El castellano conserva la idea en mediodía, sinónimo de sur en el DLE.
Los vientos de la geografía
Tramuntana procede del latín transmontana, «de la otra banda de las montañas» (DCVB). El castellano y el italiano dicen igual, tramontana; en el Empordà las montañas son los Pirineos.
Gregal viene del latín graecale, «de los griegos». El diccionario Treccani explica que el nombre se debe a que, para los navegantes del Mediterráneo central, ese viento parecía soplar desde Grecia.
El llebeig (sudoeste) llegó al catalán desde el italiano libeccio, derivado del latín libs y emparentado con el árabe labaj (DCVB). Es el viejo Lips de la torre ateniense. El orden del préstamo no es unánime: el Treccani hace venir el propio libeccio del árabe lebeǵ, a su vez del griego lips. Para el castellano lebeche, la Real Academia propone el árabe hispánico labáč, procedente del latín Libyce, «a la manera de Libia», porque sopla de esa dirección.

Los vientos con nombre árabe
Varios vientos de componente sur llevan nombre de origen árabe, como señala el estudio contrastivo de Àngels Campos en la revista Caplletra. El garbí viene del árabe ġarbī, que significa «occidental» (DCVB), aunque en catalán designa el sudoeste. El castellano lo conoce como garbino.
El xaloc procede del árabe xalūk (DCVB). Del catalán habría pasado, quizá, al castellano jaloque, que el DLE relaciona con el árabe hispánico šaláwq, «viento de la marina». Su gemelo es el italiano scirocco, que Treccani deriva probablemente del árabe magrebí shulūq por mediación del genovés. De ahí sale nuestro siroco.
El viento maestro
El mestral es el único de los ocho que se nombra por su carácter. Viene del latín magistrale, «magistral» (DCVB): el viento principal, el que manda. El italiano dice maestrale o maestro, y el francés mistral, tomado del provenzal antiguo maestral. El diccionario francés del CNRTL documenta la forma mestral hacia 1525.
Los nombres catalanes ya circulaban en el siglo XIII. El DCVB recoge el garbí y el llebeig en el Llibre dels fets de Jaime I, cuya primera parte se escribió en buena medida hacia 1244, en Xàtiva. En el capítulo 56 se lee: «Mudà’s lo uent al lebeg».
| Catalán | Rumbo | Castellano | Italiano |
|---|---|---|---|
| Tramuntana | N · 0° | Tramontana | Tramontana |
| Gregal | NE · 45° | Gregal | Grecale |
| Llevant | E · 90° | Levante | Levante |
| Xaloc | SE · 135° | Jaloque, siroco | Scirocco |
| Migjorn | S · 180° | Mediodía | Ostro |
| Garbí, llebeig | SO · 225° | Garbino, lebeche | Libeccio |
| Ponent | O · 270° | Poniente | Ponente |
| Mestral | NO · 315° | Maestral, mistral | Maestrale |
Las cartas portulanas y la escuela de Mallorca
Los nombres pasaron de la lengua al pergamino con las cartas portulanas o cartas de navegar. La más antigua que se conserva es la llamada Carta Pisana, de finales del siglo XIII, hoy en la Biblioteca Nacional de Francia (BnF). Ya reúne los rasgos del género: topónimos escritos en perpendicular a la costa, escalas de distancias y un entramado de líneas de viento.

Según el capítulo dedicado a los portulanos de la History of Cartography de la Universidad de Chicago, las líneas unen dieciséis puntos repartidos por un círculo oculto y dan 32 direcciones. La norma era trazar los ocho vientos en negro o marrón, los ocho medios vientos en verde y las dieciséis cuartas en rojo. Así el piloto encontraba su rumbo sin contar líneas.
Se ha repetido mucho que una ordenanza aragonesa de 1354 obligaba a cada galera a llevar dos cartas. Según el geógrafo Vicenç M. Rosselló, es una mala lectura de Capmany (1787): los «mapes» del manuscrito eran piezas del timón.
Mallorca se convirtió en uno de los grandes talleres de estas cartas. La carta catalana más antigua que se conserva la firmó Angelino Dulcert en Ciutat de Mallorca en 1339 (Rosselló lee Dulceti y lo cree genovés). La escuela mallorquina siguió en activo hasta mediados del siglo XVII, y de ella salieron piezas como la carta de Gabriel de Vallseca de 1439. Es propiedad de la Biblioteca de Catalunya, que la tiene cedida en comodato al Museu Marítim de Barcelona, donde se expone.
El Atles Català de 1375 y el nacimiento de la rosa dibujada
La obra cumbre de esa escuela es el Atles Català, fechado en Mallorca en 1375 y atribuido a Cresques Abraham (1325-1387) o a su taller. La Enciclopèdia Catalana lo describe como maestro de mapamundis y de brújulas, y sitúa la obra en el taller que compartía con su hijo Jafudà Cresques.
Está en Francia desde el siglo XIV: la BnF lo sitúa ya en el inventario de la biblioteca de Carlos V de 1380, aunque la Enciclopèdia Catalana lo identifica con el mapamundi que el infante Juan regaló a Carlos VI en 1381. Hoy se conserva en la BnF con la signatura Espagnol 30. Son seis hojas dobles de pergamino montadas sobre tablas, de 64,5 × 24,9 cm, que representan el mundo conocido desde las islas del Atlántico hasta el Extremo Oriente.
En una de esas hojas aparece la rosa de los vientos más antigua que se conoce dibujada sobre una carta. Las cartas italianas marcaban los ocho vientos con su nombre o su inicial; los cartógrafos catalanes preferían discos en el borde de la carta, entre ellos una estrella polar de ocho puntas para el norte. En 1375 esa estrella se agrandó hasta convertirse en una rosa completa. Rosselló advierte que se han perdido demasiadas cartas para asegurar que fuera la primera, y que sus vientos van rotulados en lengua franca (grego, magistro…), quizá copiados de un modelo anterior.

La History of Cartography señala que es la única vez que la rosa se superpone a la red de rumbos en lugar de nacer de uno de sus puntos. Solo las cuatro líneas cardinales pasan por su centro, una torpeza propia de un primer intento o de uno muy temprano. Después, la rosa se integró en el entramado: salvo un ejemplo dudoso de 1404, no vuelve a verse hasta las cartas de Vallseca de 1439 y se generaliza en la segunda mitad del siglo XV.
La flor de lis que señala el norte en tantas rosas posteriores llegó más tarde. Según la History of Cartography, el primer ejemplo conocido está en una carta portuguesa, la de Jorge de Aguiar de 1492, que hoy guarda la Universidad de Yale.

Los nombres hoy en la Costa Brava
Los partes meteorológicos nombran el viento por los puntos cardinales (norte, nordeste, sudoeste…), pero en el habla de la costa la rosa catalana sigue viva. El DCVB documenta el mestral en toda la costa, desde el Rosellón hasta Guardamar y las Baleares, y recoge apodos y variantes de la tramuntana según la comarca de donde baja.
De ellos salen derivados de uso diario. La garbinada, el viento de garbí, designa el sudoeste en el Empordà y la Costa de Llevant, como en Castellón y Valencia (DCVB). La llevantada es el levante fuerte y el mal tiempo de lluvia que trae (DCVB).
La rosa también ha dejado huella fuera del mar. En castellano, perder la tramontana es perder la brújula o los estribos; el italiano dice perdere la tramontana y el francés perdre la tramontane. En catalán, tramuntana designa también la estrella polar, guía de marinos y pastores, y el DCVB recoge perdre la tramuntana de vista, «desorientarse».
Los nombres dependen, eso sí, del lugar. En el bajo Languedoc, la tramontane francesa sopla del noroeste, según el diccionario Larousse. Y en comarcas del interior, como Lleida o el Priorat, el DCVB recoge garbinada para un viento del sudeste. Para traducir estos términos tienes nuestro diccionario náutico, y para elegir fondeadero según el viento, la guía de calas en barco y la de zonas para fondear.
Preguntas frecuentes
¿Por qué el gregal se llama así si en Cataluña no sopla desde Grecia?
Porque el nombre se acuñó desde el Mediterráneo central. Viene del latín graecale, «de los griegos»: según el Treccani, a los navegantes de esa zona ese viento les parecía llegar de Grecia.
¿Qué diferencia hay entre garbí y llebeig?
Los dos nombran el viento del sudoeste; cambia el origen: garbí viene del árabe ġarbī, «occidental», y llebeig del italiano libeccio, derivado del latín libs. Ambos aparecen ya en la crónica de Jaime I, del siglo XIII.
¿Cuál es la primera rosa de los vientos dibujada en una carta?
La más antigua que se conoce es la del Atles Català de 1375, atribuido al mallorquín Cresques Abraham y conservado en la Biblioteca Nacional de Francia. Las cartas anteriores conservadas tienen líneas de viento, pero no rosa, aunque se han perdido muchas.
¿Cuántos rumbos tiene la rosa de los vientos?
Treinta y dos: ocho vientos principales, ocho medios vientos y dieciséis cuartas, separados 11° 15′. Las cartas portulanas los distinguían en negro o marrón, verde y rojo.
Fuentes: Aristóteles, Meteorológica, libro II; Vitruvio, De architectura, libro I; Agatémero, Geographiae informatio; Visit Greece; T. Campbell, «Portolan Charts from the Late Thirteenth Century to 1500», History of Cartography, vol. 1; BnF, Atlas catalan y Carte pisane; Enciclopèdia Catalana; Diccionari català-valencià-balear (IEC); Diccionario de la lengua española (RAE); Vocabolario Treccani; CNRTL; Larousse; V. M. Rosselló, «La carta de navegar», Medievalismo 21 (2011); Ajuntament de Barcelona, dosier de la carta de Guillem Soler (2014); À. Campos, «El nom dels vents», Caplletra 30 (2001).
Imagen de portada: Gabriel de Vallseca / Wikimedia Commons (dominio público) (fuente).
