
Zsolyomi / Wikimedia Commons (CC BY-SA 4.0)
El atún rojo cruza el Estrecho con el mar entre 17,4 y 22 grados, según el IEO
Un estudio del IEO-CSIC y el IMEDEA, difundido el 5 de noviembre, vincula la entrada y salida del atún rojo del Mediterráneo a una franja de temperatura del mar de 17,4 a 22 °C.
El atún rojo no cruza el Estrecho de Gibraltar a cualquier temperatura. Un estudio del Instituto Español de Oceanografía (IEO-CSIC) y del Instituto Mediterráneo de Estudios Avanzados (IMEDEA, CSIC-UIB), difundido el jueves 5 de noviembre de 2026, concluye que sus migraciones entre el Atlántico y el Mediterráneo se producen dentro de una franja térmica estrecha, entre 17,4 °C y 22 °C de temperatura en la superficie del mar.
Marcas electrónicas y datos de satélite
El trabajo, publicado en octubre en la revista científica Fisheries Oceanography y firmado en primer lugar por Enrique Sánchez-Fabrés, investigador del Centro Oceanográfico de Baleares, se centra en el Estrecho de Gibraltar y el golfo de Cádiz, la puerta de entrada y salida de la especie (Thunnus thynnus) en el Mediterráneo.
Los investigadores cruzaron los datos de marcas electrónicas colocadas en ejemplares de atún rojo con registros de temperatura del mar obtenidos por satélite. Así pudieron asociar cada fase del viaje a unas condiciones concretas del agua.
Dos ventanas térmicas
Según los resultados, la entrada en el Mediterráneo se produce con el mar a entre 17,4 °C y 19,3 °C. La salida hacia el Atlántico, en cambio, coincide con aguas algo más cálidas, de entre 18,4 °C y 22 °C.
A partir de estos rangos, el equipo elaboró un índice de idoneidad térmica que identifica las zonas y los periodos en los que el agua tiene temperaturas compatibles con la migración. Lo aplicaron a una serie de 13 años (2010-2022) de datos de temperatura superficial para describir cómo varían en el espacio y en el tiempo esas condiciones favorables a lo largo de los corredores migratorios.
Calentamiento, almadrabas y gestión pesquera
Que la especie dependa de un margen térmico tan estrecho tiene implicaciones en un mar que se calienta. Si la temperatura sigue subiendo, los corredores podrían desplazarse o estrecharse, y con ellos el calendario de la migración y su coincidencia con la actividad pesquera.
Sánchez-Fabrés subraya que entender cómo influye el entorno en estos desplazamientos es importante para la conservación y la gestión de la pesquería. Añade que estos cambios podrían afectar a la capturabilidad en pesquerías tradicionales como las almadrabas.
El estudio aporta herramientas para incorporar información climática a las evaluaciones pesqueras. Forma parte del Observatorio de Hábitats de Túnidos del Mediterráneo (TunaMed), coordinado desde el Centro Oceanográfico de Baleares, que analiza cómo la variabilidad ambiental y el cambio climático afectan a los túnidos y a otros grandes pelágicos. Ha contado con cofinanciación parcial de la Agencia Espacial Europea (ESA-ESRIN) y con el proyecto TUNAWAVE, financiado por MCIN/AEI y fondos FEDER de la UE.
El trabajo llega en un momento de temperaturas oceánicas excepcionales: el último boletín de Copernicus situó la superficie del Mediterráneo central y occidental en máximos históricos para un mes de octubre. Otros hallazgos recientes del IEO sobre especies de aguas cálidas, como el de la alacha y el cangrejo ermitaño en Galicia, apuntan en la misma dirección.
Fuentes: CSIC en Illes Balears; Europa Press (vía Diario Siglo XXI); Ruta Pesquera; Sánchez-Fabrés et al., Fisheries Oceanography (2026).
