
NASA / Nathan Kurtz (Operation IceBridge) / Wikimedia Commons (dominio público)
La caída del hielo marino antártico invierte una capa clave del océano austral
Un estudio en Nature Climate Change revela que, desde 2016, el Agua Intermedia Antártica se ha vuelto más salada, densa y profunda por la caída del hielo marino, con posibles efectos en el calor oceánico y el nivel del mar.
El retroceso del hielo marino antártico ya no es solo un problema de superficie. Un estudio publicado el miércoles 28 de octubre de 2026 en la revista Nature Climate Change documenta que una de las capas de agua más importantes del océano austral ha cambiado de comportamiento de forma brusca en menos de una década.
El trabajo lo firman investigadores de la Universidad de Melbourne, el Instituto Indio de Ciencia (IISc) y la Universidad de Southampton. Se centra en el Agua Intermedia Antártica, una masa de agua que ocupa buena parte del océano del hemisferio sur y que ayuda a repartir calor, agua dulce y carbono por todo el planeta.
De estable a más salada en ocho años
Según los autores, entre 1995 y 2015 el deshielo estival del hielo marino aportaba suficiente agua dulce para mantener estables las propiedades de esa capa. A partir de 2016 la tendencia se invirtió: entre ese año y 2024 el Agua Intermedia Antártica se volvió más salada, más densa y se hundió a mayor profundidad.
El cambio coincide con los mínimos récord de hielo marino registrados en la Antártida desde 2016. Antes de esa fecha, el agua de deshielo que llegaba cada verano al océano equivalía a unas tres veces el caudal anual del Amazonas, que ronda los 6.600 kilómetros cúbicos. Después, ese aporte se ha quedado en torno al doble.
El equipo presenta el hallazgo como la primera prueba observacional directa de esta inversión. Para llegar a ella combinó datos de unas 4.000 boyas robóticas del programa internacional Argo con medidas por satélite y series atmosféricas.
Un precedente de hace 130.000 años
Los investigadores recuerdan que el último cambio comparable en esta masa de agua se produjo hace unos 130.000 años, al final del último periodo interglaciar. La diferencia es la velocidad: entonces la transición tardó miles de años y ahora se ha producido en cuestión de años.
El Agua Intermedia Antártica forma parte de la rama superior de la circulación de vuelco global, el gran sistema de corrientes que conecta los océanos. Por eso, una alteración sostenida podría acabar afectando a la circulación de vuelco del Atlántico (AMOC) en plazos de años o décadas, así como a la circulación atmosférica del hemisferio sur y a la trayectoria de las borrascas.
Calor profundo y nivel del mar
El océano absorbe más del 90 % del calor generado por la actividad humana, la mayor parte en sus capas superiores. Si esta capa intermedia se debilita, más calor podría llegar a zonas profundas. Los autores advierten de que los modelos actuales podrían estar subestimando el calentamiento del océano profundo y la subida del nivel del mar a escala regional.
También señalan posibles efectos sobre la capacidad del océano para almacenar carbono, ya que cambiaría la forma en que el agua superficial pasa a capas más profundas. Reconocen, eso sí, que la magnitud y el calendario de estas consecuencias siguen siendo inciertos.
El estudio se suma a otras señales recientes sobre el papel de la Antártida en el clima, como el trabajo sobre el glaciar Thwaites y la subida del nivel del mar o las negociaciones de la CCAMLR en Hobart sobre el kril. Para quienes navegan, el mensaje de fondo es conocido: lo que ocurre en el océano austral puede acabar repercutiendo en las corrientes y en el tiempo muy lejos de allí.
Fuentes: Mishra, Gayen y Naveira Garabato, «Reversal of Antarctic Intermediate Water trends triggered by sea ice decline», Nature Climate Change; Universidad de Southampton (vía EuropaWire); Oceanographic.
